La empresa petrolera internacional Royal Dutch Shell sorprendió con un reciente estudio energético, en el cual, llama a adoptar medidas más ambiciosas para enfrentar la amenaza del calentamiento global. En efecto, Shell advierte que la simple extensión de los actuales compromisos tomados por las naciones en el acuerdo de París, sería insuficiente para estabilizar la temperatura según las recomendaciones del IPCC. En el acuerdo, los países se comprometieron a evitar que la temperatura a fines de siglo aumente en más de 2,0°C respecto de la era pre-industrial, y a hacer sus mejores esfuerzos para que no exceda de 1,5°C.

Según la petrolera, a pesar de que los países están empezando a reducir emisiones, un progreso sustancial hacia el objetivo de París será un desafío, en parte, debido al incremento en el uso del carbón en los países en desarrollo, principalmente China y la India. Por su parte, si bien, los países desarrollados están fomentado el uso de energías renovables, éstas deben ser respaldadas con gas que, por una parte, emite CO2 durante su combustión, y por otra, está asociado a fugas de metano, las que ocurren durante su proceso de extracción.

Para hacer frente a esta situación, Shell propone el ambicioso escenario energético Sky, que sería coherente con la meta de París.

En Sky, la energía fósil pasa del actual 81% a no más del 22% en 2070. En tanto, la generación eólica y solar se incrementa, en términos agregados, desde el actual 2% a un 45%. De hecho, el estudio afirma que la energía fósil sólo sobrevivirá en la medida que cuente con equipos de captura y secuestro de CO2.

Consecuente con esta drástica mitigación de emisiones, Shell señala que se requiere un precio global del carbono en torno a USD10/tCO2 a partir de 2020 y subiendo a USD40/tCO2 en 2030, para llegar a USD82/tCO2 en 2040 y finalmente a USD200/tCO2 en 2070 —  valores promedio—.  Estas estimaciones son sustancialmente superiores al compararlas con el actual impuesto al carbono que existe en Chile, de tan sólo USD5/tCO2.

El uso de la electricidad crecerá rápidamente en el transporte, la calefacción y en los procesos industriales. En este escenario, a fines de 2070, la electricidad representará más del 50% del consumo final de energía, valor significativamente superior al actual 20%.

El estudio también apunta a una significativa reducción en los costos de las baterías desde su valor actual de USD350/kWh, bajando progresivamente a valores por debajo de los USD100/kWh, en algún momento entre 2020 y 2025. Si bien, el reporte no lo señala, es muy probable que estos valores no incluyan los costos de balance y electrónica de potencia que suelen acompañar a los bancos de baterías. Tampoco se indica la capacidad de almacenamiento de las baterías.

Por su parte, las emisiones globales de CO2 continuarán aumentando hasta alcanzar su máximo en la próxima década. Las emisiones serán nulas recién en 2070, y a partir de ese año deberá empezar un proceso de captura de una parte del CO2 ya alojado en la atmósfera, para lo cual, se requerirá de nueva tecnología.

El reporte de Shell viene a confirmar lo que otros estudios ya han señalado anteriormente: W. Nordhaus en 2017 y el  reciente reporte del IPCC, aún en etapa de revisión, filtrado en los primeros meses de 2018. Según estos estudios, los actuales compromisos de mitigación son insuficientes para cumplir con los objetivos de París; la transición desde energías fósiles a energías cero emisión debe ocurrir aceleradamente; se requiere de un aumento progresivo y sustancial del precio del carbono; y se necesitan nuevas tecnologías que permitan capturar parte del CO2 presente en la atmósfera.

Si bien, la publicación de Shell ha tenido una buena acogida, el estudio, más que una genuina preocupación por el cambio en el clima, podría obedecer a una estrategia comunicacional para hacer frente a su creciente exposición a acciones legales. En efecto, Shell, poco después de su publicación, fue demandada por una ONG, que la acusa de no invertir en acciones preventivas en contra del cambio climático. Adicionalmente, ya en enero de 2018,  Shell y otras petroleras también fueron demandadas por el gobierno de la ciudad de Nueva York. En la demanda se solicitó a estas empresas cubrir los costos de adaptación de la ciudad a los efectos del cambio en el clima. A ello, se agregan las crecientes presiones que los inversionistas están ejerciendo sobre estas empresas por una acción más decidida en pro de los objetivos de París.

Los escenarios de Shell, al igual que los escenarios de la IEA, no son predicciones del futuro, más bien, son la manera de testear el impacto de asumir ciertos supuestos, técnica a menudo usada por las compañías con el fin de definir sus estrategias de largo plazo. Con todo, el valor del estudio de Shell reside en que está hecho por una petrolera, y es un antecedente útil que nos permite evaluar cómo podrían ser en el futuro las políticas energéticas y climáticas.

Cristián M. Muñoz

Fundador de Breves de Energía.

Correo de contacto: cmmunozm@brevesdeenergia.com

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