Por  M. Clara Palacios y Cristián M. Muñoz →

Dada la vulnerabilidad de nuestro país ante esta situación, el énfasis debería estar en la adaptación.

Un incremento no superior a 1.5 ° C, respecto de los niveles preindustriales, debería ser la meta de los países del mundo en su tarea por estabilizar la temperatura y que ésta no se siga incrementando. Así se desprende de un reciente reporte del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC)  − aún en calidad de borrador  − dado a conocer hace algunas semanas.

 

El informe señala que limitar el calentamiento más allá de 1,5°C requerirá de rápidas y profundas reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

 

Para lograr la meta de un aumento de hasta 1.5°C será necesario profundizar las tasas de electrificación y utilizar energía baja en emisiones, entre las que están la energía renovable, biomasa y la nuclear, las que suministrarán alrededor de un tercio de la energía primaria en 2030 y cerca de dos tercios en 2050. También requerirá un precio al carbono, el cual, puede estar en la forma de un carbon tax, 3 a 7 veces superior al valor coherente para una meta de 2°C (límite propuesto previamente por el IPCC). En tanto, el uso del carbón disminuirá rápidamente a tasas anuales entre 4 y 5%.

 

Nuestro país no está ajeno a esta situación. Por el contrario, Chile es un país altamente vulnerable al cambio climático. De hecho, nuestro país cumple con siete de las nueve características enunciadas por la UNFCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en su sigla en español) que propician esta condición: posee áreas costeras de baja altura, zonas áridas y semiáridas, zonas de bosques, territorio susceptible a desastres naturales, áreas propensas a sequía y desertificación, zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica, y, ecosistemas montañosos.

 

Las proyecciones indican un alza en la temperatura en la mayor parte del país, especialmente en la zona centro-norte, y en relación a las precipitaciones, se proyecta un descenso importante para la zona central. El aumento de temperatura no sólo ocurre en la atmósfera: por el contrario, gran parte de la energía adicional que es retenida en el planeta es capturada principalmente por el mar, elevándose también su temperatura. También se esperan aumentos en la frecuencia y magnitud de eventos extremos, tales como sequías, inundaciones, aluviones y/o marejadas a lo largo del país.

 

La vulnerabilidad de nuestro país y la inminencia de que el calentamiento continuará, sugiere que el énfasis debería estar más bien en la adaptación. Sin embargo, hasta el momento, las autoridades han preferido enfocarse en la mitigación. Creemos que es hora de repensar las políticas climáticas. De hecho, el Plan de Acción Nacional de Cambio Climático 2017-2022, elaborado por el Ministerio del Medio Ambiente, incluye como uno de sus ejes de acción a la adaptación, sin embargo, no precisa acciones concretas en esta línea, y principalmente, se refiere al monitoreo, obtención de información y elaboración de estudios que permitan evaluar los impactos del aumento global de la temperatura. Algunas acciones de adaptación concretas a cambios en el clima, van en la línea de prepararse para una mayor profundidad y frecuencia en los incendios forestales y aluviones.

Alcances del estudio del IPCC

En cada uno de los escenarios evaluados por el IPCC, limitar la temperatura incluye 3 elementos principales: 1) reducir la demanda de energía en edificios, industria y transporte; 2) reducir las emisiones relacionadas con el suministro de energía, uso de suelos y agricultura y 3) lograr remover el CO2 presente en la atmósfera, situación que es muy difícil.

 

La meta propuesta − de 1,5°C − también incluye reducciones de gases contaminantes de corta vida, como metano, carbono negro, e hidrocarbonatos, lo que también implica prevenir la contaminación del aire, con beneficios colaterales en el desarrollo sustentable en términos de una mejor salud. Sin embargo, la reducción de sulfatos en la atmósfera, provenientes principalmente de la combustión del carbón, si bien, ayuda a descontaminar el aire, contribuye a aumentar el efecto invernadero, ya que, el sulfato tiene un factor radiativo negativo, es decir, su presencia contribuye a enfriar el planeta.

 

Seguir con los actuales niveles de emisiones, implicará copar en un período de 12 a 16 años el stock adicional de CO2, compatible con la meta de 1,5°C. Así las cosas, es cada vez más necesario capturar el COpresente en la atmósfera por la vía de la forestación y el uso de biomasa con captura y almacenamiento de carbono, ya que la tecnología de captura y secuestro de carbono -a una escala masiva- aún no está disponible.

M. Clara Palacios

Ingeniero Comercial y MBA de Lancaster University Management School, Escuela de Negocios de Manchester, Inglaterra.
Correo de contacto: mcpalacios@brevesdeenergia.com

Cristián M. Muñoz

Fundador de Breves de Energía.
Correo de contacto: cmmunozm@brevesdeenergia.com

Relacionados:

Aun no hay comentarios

Sea el primero en comentar.

Haga un comentario

Please enter your name. Please enter an valid email address. Please enter a message.