Se considera a la leña como el primer combustible utilizado por la humanidad y del cual dependen hoy en día más de dos billones de personas alrededor del mundo, como fuente de energía para cocinar o calefaccionarse, en los países en vías de desarrollo (FAO).
El uso de este combustible natural no viene, sin embargo, sin consecuencias para el ambiente y la salud humana. La leña emite material particulado (MP), los cuales pueden ser partículas líquidas o solidas que están en suspensión en el aire y que se clasifican según su tamaño y origen: a las partículas menores a 10 micrometros se les llama MP10, y las menores a 2,5 micrometros MP2,5.
Se considera que el MP2,5 es el tipo más dañino, pues el tamaño reducido de sus partículas pequeñas hace que éstas penetren en las vías respiratorias hasta llegar a los pulmones y los alvéolos. Con ello, el riesgo de mortalidad prematura por efectos cardiopulmonares aumenta, en exposiciones de corto y largo plazo. Asimismo, el MP2,5 puede ser transportado por cientos de kilómetros y permanecer varios días en el aire.
En Londres, Inglaterra, las estufas a leña aportan el 31% de las emisiones de MP. De ahí que el plan del alcalde de Londres incluye prohibir las estufas al año 2025 en las zonas más afectadas de la capital. Adicionalmente, las medidas propuestas incluyen normas de emisiones en la construcción.
En Chile, en el Gran Santiago, existen cerca de 45 mil estufas a leña, que generan entre 38% y 39% de todo el MP, valor que se incrementa al 50% durante el invierno.

