Por Cristián M. Muñoz →

Un total de 25 países y regiones, además de organizaciones y empresas, se comprometieron a poner fin al uso del carbón como fuente de energía antes de 2030. ¿Qué tan fuerte es la apuesta de estos países?

Durante la última Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP-23) en Alemania, un total de 25 países, además de organizaciones y empresas, se comprometieron a poner fin al uso del carbón como fuente de energía primaria antes de 2030.

Esta alianza, llamada Powering Past Coal en inglés, es impulsada por Gran Bretaña y Canadá, y fue seguida principalmente por algunos países europeos como Francia e Italia, pero también por países en vías de desarrollo como México y Angola. Aunque el anuncio de la Alianza pareciera venir aparejado de buenas noticias, conviene analizarla en un contexto más global.

En primer lugar, la contribución de este grupo de países a la reducción del uso del carbón, es más bien simbólica. Si se suma todo el carbón que consumieron en 2016, el total de 85 millones de toe (toneladas de petróleo equivalente), representa un exiguo 2,3% del consumo mundial de carbón.

Adicionalmente, si bien, el carbón es una de las principales fuentes de emisión de CO2, no es la única, ya que el petróleo y el gas también emiten CO2. De hecho, sus factores de emisión son solo algo menores que el del carbón, un 22% y 41% respectivamente. De este modo, es relevante fijarse en todo el consumo de energía fósil y no solo en el carbón, como parecen sugerir los países de esta Alianza.

Al analizar el consumo total de energía fósil de los países de la Alianza, se tiene que son el petróleo y el gas las principales fuentes de energía fósil y, en consecuencia, los mayores responsables de emisiones de CO2. De hecho, el consumo de energía primaria en la forma de petróleo y gas en los países de esta Alianza, fluctúa entre 40% (Finlandia) y 88% (México). Por su parte, el consumo de carbón es tan bajo como el 0,5% en Suiza, llegando como máximo a 12,3% en Dinamarca.

Si se comparan estos números con el consumo de Alemania, es posible entender por qué este país podría haber rechazado integrar esta Alianza: el 23% del consumo de energía primaria tiene como fuente al carbón, cifra similar a la del 22% de Chile.

En conclusión, pareciera que los países de la Alianza en contra del Carbón no están haciendo una apuesta demasiado fuerte en la lucha en contra del cambio en el clima y su cometido, más bien, pareciera caer una vez más en la retórica que suele rodear a este tipo de compromisos.

Cristián M. Muñoz

Editor de Breves de Energía.

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