Los incendios forestales están causando grandes pérdidas en el hemisferio norte. En 2015 en los Estados Unidos se quemaron 4,5 millones de hectáreas, uno de los peores años desde 1960. En 2016 se quemaron más de 500.000 hectáreas en sólo un incendio en Alberta, provincia de Canadá, amenazando una parte importante de la producción de petróleo de ese país. Un reciente estudio muestra que en los últimos 30 años se han triplicado los incendios de matorrales en las praderas de la zona central de los Estados Unidos.
En Chile, los incendios del verano quemaron unas 600.000 hectáreas de bosques. Tal como se aprecia en el gráfico, se trata de una magnitud sin precedente. Desde mediados de los años ochenta y hasta el año pasado, la Conaf reportaba, en promedio, entre 5.000 y 7.000 incendios cada año y entre 30.000 y 90.000 hectáreas quemadas. En realidad, hasta los incendios de este año, el récord se había marcado en 2015, con 129.000 hectáreas quemadas.
Si bien las causas son difíciles de determinar, al parecer, la temperatura más alta favorece la propagación descontrolada de los incendios. De hecho, en los últimos 150 años la temperatura promedio de la tierra aumentó casi 1°C respecto de la época pre-industrial.