A pesar de los acuerdos en las COP, el uso de combustibles fósiles continúa en aumento, resultando poco factible estabilizar el incremento en la temperatura según las recomendaciones del IPCC y poniendo en duda la efectividad de las transiciones energéticas locales y aisladas.

 

Por Cristián Marcelo Muñoz

El texto final de la reciente COP-28 en Dubái llama a los países que son partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a transitar lejos de los combustibles fósiles, de manera justa, ordenada y equitativa, acelerando la acción en esta década, con el fin de lograr cero emisiones netas para 20501. Se destaca que esta sería la primera vez en que en una COP se reconocería formalmente que para estabilizar la temperatura, sería necesario alejarse del uso de los combustibles fósiles: carbón, gas y petróleo, como base de los sistemas energéticos.

Más allá de las interpretaciones que puedan surgir de la declaración de la COP, lo cierto es que el IPCC en su primer informe de 1990 ya reconocía que las emisiones antropogénicas de CO2 eran, con una alta probabilidad, la principal causa del aumento de la temperatura. Agregaba también que el aumento de la concentración del CO2 en la atmósfera, obedecía principalmente a la combustión del carbón, gas y petróleo, como fuente primaria de energía. Es así que, a falta del desarrollo comercial de tecnologías de captura de carbono, el cumplimiento de cualquier meta climática necesariamente debe pasar por transitar rápidamente desde los combustibles fósiles hacia otra forma de energía que no emita CO2.

Esta transición energética debe ser inmediata; en esencia, en los próximos 30 años, al menos, el 50% de la energía de origen fósil de todo el mundo debe ser reemplazada por fuentes cero-emisión. Otro requisito es que debe ser global, en palabras simples, las transiciones locales y aisladas, es decir, sin una réplica en el resto del mundo, pasan a ser costosos cambios tecnológicos que, si bien, pueden reducir emisiones, no redundan en cumplir con la meta de estabilizar la temperatura global según las recomendaciones del IPCC.

Tras una transición subyace la idea de un cambio paulatino, sin embargo, el cambio tecnológico tras la estabilización de la temperatura, es sólo comparable con la transformación tecnológica experimentada en la Revolución Industrial del siglo XIX; en buenas cuentas, se trata, más bien, de una nueva revolución tecnológica. Ya en 2014, en una Breve de Energía escrita con A. Galetovic2, basados en las conclusiones de la experiencia del proyecto RE < C de Google para revertir el cambio climático, advertíamos sobre este punto.

En esta Breve me refiero a la relevancia de los combustibles fósiles como fuente primaria de energía y de emisiones; también abordo las rutas de reducción de emisiones requeridas para estabilizar la temperatura.

Gases de Efecto Invernadero

Entre todos los tipos de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), las emisiones de CO2 derivadas del uso de combustibles fósiles a base de carbono en el sector de energía3: carbón, petróleo y gas natural y de los procesos industriales4, son las principales fuentes de emisiones de CO2 inducidas por el hombre, con una contribución al calentamiento global que alcanza al 64%, según se muestra en la figura 1.

La presencia de los combustibles fósiles

El uso masivo de los combustibles fósiles tiene su origen en la Revolución Industrial iniciada en el siglo XIX. Según se aprecia en la figura 2, el consumo de combustibles fósiles empieza con el uso de carbón en la máquina de vapor, mientras que posteriores desarrollos tecnológicos dieron paso a la masificación del petróleo y gas. En la actualidad, el 85% de la energía primaria proviene de la combustión del petróleo (33%), carbón (28%) y gas (24%), mientras que sólo el 15% de la energía primaria no emite CO2 ― nótese que las fuentes eólicas y solares no suman más del 2%.

Las metas de mitigación y la transición energética

La consecuencia no buscada del uso masivo de combustibles fósiles son las emisiones de CO2. Estas han aumentado conforme se ha incrementado el uso del carbón, gas y petróleo. Desde la Cumbre del Clima en 1990, las emisiones de CO2 derivadas del uso de combustibles fósiles han aumentado en un 64%. Según muestra la figura 3, entre los principales emisores de CO2 están: China (31%), Estados Unidos (13%), U. Europea (8%) e India (7%), quienes en conjunto explican casi el 60% del total mundial de las emisiones. Nótese la irrelevancia de Chile, cuyas emisiones sólo llegan al 0,23% de las emisiones mundiales de CO2.

La misma figura 3 muestra las tasas de reducción en las emisiones de CO2, que, según el IPCC, se requerirían para estabilizar el incremento en la temperatura, respecto de los niveles pre-industriales. Para estabilizar la anomalía en la temperatura mundial en 2°C, las emisiones deben reducirse, respecto de los niveles de 2019, en 21% al 2030 y en 64% al 2050. Por su parte, una estabilización en 2,5°C, requería reducciones del 6% y 29% al 2030 y 2050, respectivamente. La meta de 1,5°C, que no aparece en la gráfica, implicaría reducciones del 43% al 2030 y de 84% al 2050, respecto de los niveles de 2019; una meta prácticamente inalcanzable, si se considera que la temperatura promedio del planeta ya ha aumentado en 1,1°C respecto de los niveles preindustriales y la Organización Meteorológica Mundial estima que con una alta probabilidad, excederá de 1,5°C en los próximos cinco años5. Es importante destacar que las tasas de reducción de emisiones de CO2 y del uso de combustibles fósiles, son prácticamente las mismas.

En la misma figura también se aprecia la disminución de las emisiones de los Estados Unidos, causada, en buena parte, por el reemplazo del carbón por shale gas, más barato, en la generación de electricidad y a que una parte importante de la industria manufacturera de ese país se ha desplazado a los países de Asia, mayoritariamente China, cuya principal fuente de energía es el carbón.

Conclusiones

En resumen, a más de 30 años de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, la evidencia muestra que el consumo masivo de combustibles fósiles ha continuado en aumento y con ello las emisiones. También muestra que las tecnologías renovables, basadas en el uso del viento y de la radiación solar, están muy lejos de lograr reemplazar a los combustibles fósiles, al menos, con la premura que se requiere. Tampoco se aprecia que estemos en una transición tecnológica que nos aleje del uso de los combustibles fósiles, según las tasas que se requerirían para estabilizar la anomalía en la temperatura; por el contrario, al menos en esta década, la tendencia es al aumento. El consumo masivo y creciente de combustibles fósiles obedece a razones muy sencillas: son abundantes y baratos6.

Por estas razones, pareciera que la estabilización de la anomalía en la temperatura no provendrá de la burocracia de las COP. Tampoco provendrá de las modestas transiciones tecnológicas definidas localmente por algunos países, que aunque pudiesen reducir emisiones, por ser aisladas, no tienen mayor impacto en la estabilización de la temperatura y podrían implicar un encarecimiento de la energía ─ algunos ejemplos en Chile: retiro anticipado de centrales termoeléctricas que contribuye a congestionar líneas y a encarecer la energía en la noche; también están los costosos subsidios a tecnologías solares de pequeña escala─ . La justificación de estas transiciones energéticas locales, más bien, obedecen a preferencias tecnológicas, cuya conveniencia para el país debe estar avalada por evaluaciones costo-beneficio. Bastante más efectivo, según ya apuntaban Koningstein y Fork7 en 2014, sería destinar más recursos a la innovación en tecnologías cero-emisión y de captura de CO2, o bien, en tecnologías de adaptación.

Mientras los combustibles fósiles no sean penalizados por un impuesto universal al carbono, similar a su costo social8, su consumo masivo y creciente continuará. El Banco Mundial advierte que en la actualidad, menos del 25% de las emisiones mundiales tienen alguna forma de precio al carbono9 y en general, bien por debajo de su costo social. Así las cosas, serán los nuevos innovadores los que desarrollarán las nuevas tecnologías disruptivas que permitirán disponer de energía abundante, barata y cero-emisión, capaz de desplazar a los combustibles fósiles y de estabilizar la temperatura. Mientras tanto, las autoridades de los países que más serán afectados por el cambio en el clima, entre ellos Chile, deben priorizar la adaptación a sus impactos.

Notas

        1. Para ser más precisos, el artículo N°28 señala: “(d) Transitioning away from fossil fuels in energy systems, in a just, orderly and equitable manner, accelerating action in this critical decade, so as to achieve net zero by 2050 in keeping with the science”, versión publicada el 13 de diciembre de 2023, COP-28.
        2. C. Muñoz y A. Galetovic, El proyecto RE < C de Google para revertir el cambio climático, Breves de Energía, noviembre de 2014.
        3. El sector de energía incluye las emisiones provenientes del uso de los combustibles en los procesos energéticos que abarcan el transporte, generación de electricidad, calefacción y uso en industrias.
        4. Las estimaciones de las emisiones de los procesos industriales se basan en la producción de hierro y acero, clinker para cemento, aluminio y productos químicos.
        5. Global temperatures set to reach new records in next five years, the World Meteorological Organization (WMO), mayo de 2023.
        6. N. Urban y C. Muñoz, Combustibles fósiles: ¿Cuánto queda?, Breves de Energía, agosto de 2014.
        7. R. Koningstein y D. Fork, What it would really take to reverse climate change, IEEE Spectrum, noviembre de 2014.
        8. Según R. Tol, la inactividad ha implicado que el costo social del CO2 haya aumentado desde 9 a US$40/tCO2 para una tasa de descuento alta y desde 122 a US$525/tCO2 para una tasa de descuento baja. Véase R. Tol, Social cost of carbon estimates have increased over time, Nature Climate Change, mayo de 2023, 13(6):1-5.
        9. Banco Mundial, State and trends of carbon pricing 2023, World Bank Group, 2023.

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Por Cristián Marcelo Muñoz

Director de BdE, profesor de Economía de la Energía y Medio Ambiente en el Departamento de Ingeniería Eléctrica y Profesor Regular en la Escuela Iberoamericana de Regulación Eléctrica, en la P. Universidad Católica de Chile.
Email de contacto cmmunozm@brevesdeenergia.com

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