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Por Cristián M. Muñoz →

El precio del carbono es coherente con la reducción de emisiones de CO2 comprometidas por un país. Para estabilizar la temperatura, según la meta establecida en París, se requerirá un precio global del carbono sustancialmente superior al actual.

El sostenido incremento en la temperatura está provocando un cambio en el clima. El principal responsable sería la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), principalmente el carbono en forma de CO2, que resulta del uso masivo de combustibles fósiles desde los inicios de la era industrial. Estos gases al alojarse en la atmósfera incrementan el efecto invernadero y con ello la temperatura del planeta.

 

El CO2 representa el 65% del total de las emisiones equivalentes de GEI, y proviene principalmente del uso de petróleo, gas y carbón, en propósitos energéticos. De ahí que sea fundamental transitar rápidamente desde los combustibles fósiles a otras fuentes de energía que no emitan CO2, o fuentes de cero emisión.

 

La primera meta recomendada por el IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) fue limitar el incremento en la temperatura a fines de este siglo, a no más de 2°C, medidos respecto de la era pre-industrial. Sin embargo, en la COP 21 de París se acordó aunar esfuerzos a fin de lograr una meta aún más ambiciosa, consistente en limitar el aumento en la temperatura a no más de 1,5°C.

 

La transición hacia fuentes de energía que no emitan CO2 no es una tarea simple, pues el 80% de la energía consumida globalmente proviene del uso de los combustibles fósiles. Y peor aún, debería hacerse rápidamente, ya que, gran parte de esta transición debe ocurrir en los próximos 30 años. Pero eso no es todo, este esfuerzo debe ser acompañado además con la captura de una buena parte del carbono alojado en la atmósfera, con tecnología que aún no existe.

 

La velocidad con que un país transite desde fuentes de energía fósil hacia fuentes que no emitan CO2, se refleja en la magnitud del precio del carbono. De este modo, el precio del carbono debe ser coherente con las reducciones comprometidas por un país y en su cálculo es fundamental conocer la curva de abatimiento de emisiones de la nación — también conocida como curva de McKinsey—. La curva muestra las acciones disponibles para abatir y las ordena de menor a mayor costo por tonelada de CO2 abatida.

 

El abatimiento de mínimo costo de una cantidad dada de emisiones se obtiene intersectando la curva de McKinsey con la cantidad de reducciones de CO2 deseadas. El costo de la unidad marginal de abatimiento, expresado en dólares por tonelada de CO2 abatida (USD/tCO2), es el precio sombra del CO2. Mientras mayor sea el precio del carbono, habrá disposición a incurrir en mecanismos más costosos de abatimiento de CO2, y por lo tanto, mayores serán las reducciones o emisiones mitigadas.

¿Cuál es el precio del carbono compatible con la meta de París?

William Nordhaus, académico de la Universidad de Yale, es uno de los 3 especialistas en la Economía del Cambio Climático con más publicaciones referentes al cálculo del precio global del carbono. Si bien Nordhaus apunta a que la meta de 2°C sería poco factible de lograr, una meta de estabilización de 2,5°C a fines de siglo, podría ser alcanzable. Para ello, estima que el precio del carbono en 2020 debería ser de USD37/tCO2, subiendo progresivamente a USD51/tCO2 en 2030, para llegar a USD104/tCO2 en 2050. Puesto que Nordhaus reporta los resultados para una ruta óptima de reducciones, el precio del carbono coincide con su costo social.

 

Por su parte, Nicholas Stern, economista británico también especializado en la economía del cambio climático, reporta un precio al carbono sustancialmente mayor, partiendo en USD267/tCO2 en 2020 y llegando a USD629/tCO2 a fines de 2050. Estos altos valores se explican, pues, Stern descuenta los daños futuros del clima con tasas de descuento prácticamente nulas — Stern fija la tasa de descuento con un criterio ético —.

 

La petrolera Shell, en un reciente estudio de marzo de este año, propone el escenario Sky, el cual sería coherente con la meta de París. Shell propone un precio global del carbono en torno a 10 USD/tCO2 a partir de 2020 y subiendo a USD40/tCO2 en 2030, llegando a USD80/tCO2 en 2040 y finalmente alcanzado USD130/tCO2 en 2050 — valores promedio —.

El precio del carbono en Chile

En septiembre de 2014 entró en vigencia la ley 20.780 que estableció la aplicación de impuestos ambientales a las emisiones locales y de carbono. La ley definió un impuesto al carbono de USD5/tCO2, cuya vigencia recién comenzó en 2017. El impuesto afecta sólo a los grandes emisores, en su mayoría centrales termoeléctricas. Si bien, no es claro el origen de este valor, es posible que se haya definido siguiendo el ejemplo de México, país que con alguna anterioridad había definido un valor similar. En cualquier caso, el impacto de este impuesto ha sido principalmente recaudatorio, pues, no hay mayor evidencia de que efectivamente haya promovido reducciones de emisiones de CO2.

 

Con posterioridad, Chile también comprometió reducciones en el acuerdo de París. La meta se estableció en términos de reducir en 30% el índice de emisiones por unidad de PIB en 2030, respecto de su valor en 2007. Si bien la meta se estableció para 2030, el proceso de reducciones debe empezar mucho antes, situación que justifica que en 2017 el gobierno diera inicio a los estudios de reducción de GEI en el sector de energía, principalmente orientados a identificar medidas de abatimiento en la generación de electricidad. Es así que en 2017, el Ministerio de Energía publicó su Propuesta de plan de mitigación de gases de efecto invernadero para el sector de energía. En este ejercicio el Ministerio ajustó la curva de abatimiento de emisiones del sector de energía del país. Según el estudio, de implementarse ciertas medidas de eficiencia en la industria, minería, y transporte, el precio del carbono en 2020 sería negativo, es decir, el ahorro de las medidas superaría las inversiones requeridas. Sin embargo, una vez aprovechadas las medidas de eficiencia energética que no cuestan, las reducciones adicionales son bastante caras. En realidad, según la Propuesta, el precio sombra del abatimiento podría llegar en 2030 a USD500/tCO2 abatida, unas 15 veces más que los USD32,5/tCO2 que el Ministerio de Desarrollo Social recomienda usar como precio del carbono.

 

No obstante lo anterior, el mismo Ministerio de Energía, un año después, en su estudio de Planificación Energética de Largo Plazo, publicado recién en febrero de 2018, plantea otros valores. En efecto, en dos de los cinco escenarios estudiados propone subir el precio del carbono por sobre USD5/tCO2. En estos escenarios, se usa un precio al carbono creciente, el cual llegaría a USD7/tCO2 en 2020, subiría gradualmente a USD14/tCO2 en 2030 y superaría los USD33/tCO2 en 2050. Si bien, el estudio no reporta la curva de abatimiento usada para estimar los nuevos precios del carbono, es posible que los mayores valores obedezcan a supuestos menos agresivos en los beneficios derivados de la Eficiencia Energética (EE); cabe señalar que recientes estudios en los Estados Unidos sugieren que los beneficios asociados a las medidas de EE han sido sobreestimados.

Conclusiones

El precio del carbono impactará el precio de la energía, ya que, en última instancia persigue eliminar el uso de los combustibles fósiles. Sin embargo, su valor es muy incierto, ya que dependerá de las reducciones que un país decida comprometer y del costo que finalmente implique abatir las emisiones de CO2, el cual está representado en la curva de McKinsey del país.

 

De este modo, estimaciones muy altas del precio del carbono podrían llevar a un retiro prematuro de las centrales termoeléctricas y a sobrevalorar a las centrales de energía renovable. Ejemplo de ello es el anuncio efectuado por Engie, quien informó que cerrará las unidades 14 y 15 de Tocopilla, por un total de 268 MW y que se centrará en energías renovables. Por el contrario, asumir que el precio del carbono se mantendrá en los actuales niveles es ciertamente riesgoso, ya que los compromisos de reducción de emisiones asumidos por Chile en París, tarde o temprano, se reflejarán directa o indirectamente en el precio de la energía.

 

Con todo, el actual impuesto al carbono en Chile de sólo USD5/tCO2, con seguridad pareciera ser un valor piso.

Cristián M. Muñoz

Fundador de Breves de Energía.

Correo de contacto: cmmunozm@brevesdeenergia.com

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